12/06/2006

La canción del escorpión


En Madagascar, los escorpiones abundan. Si pican a un adulto pueden provocarle vómitos, mareos, fiebre alta. Si inoculan su veneno en niño pequeño, lo matan.
Los escorpiones de Madagascar ,(este de la foto no lo es, por cierto), son hábiles: viven en el bosque cazando insectos. Pero, a veces, entran en las aldeas y, colándose por debajo de las puertas, suben a las cunas, a las camas.
Las mamás de los niños de Madagascar, al principio, les decían: "matad al escorpión". Pero, los niños los pisaron con los pies descalzos y algunos murieron. Rectificaron su primera orden: "matad al escorpión con piedras". Así lo hicieron; se convirtió en un excitante pasatiempo. Los niños entraron al bosque a buscarlos; aplastaron a muchos escorpiones.
Pero, en la estación siguiente, los insectos que se comían los escorpiones proliferaron. Y acabaron con las cosechas: hubo una hambruna terrible. Y muchos niños fallecieron por ella.

Entonces las mamás pensaron: "¿Cómo educar a los niños en un mensaje tan complicado: "Sólo mata al escorpión que se acerca al humano, especialmente al bebé, pero respétalo en su medio ambiente porque su equilibrio es básico para nuestra subsistencia?"

La solución llegó con la célebre Canción, madagascareña, del Escorpión, de memorable letra. Memorable porque, acompañada de un gracioso y rítmico movimiento de cabeza, era fácil de recordar: se enseñaba a los niños desde pequeñitos. Hoy la mortandad por picadura de escorpión ha disminuido hasta niveles inevitables.

A veces, cuando somos pequeños, basta un mensaje simple: "¡No toques eso! ¡Malo! ¡Caca!" Pero crecemos. Obviamente los mensajes morales sobre lo bueno y lo malo no pueden ser simples siempre, porque la realidad no lo es y tiene múltiples matices. Es un prisma con muchas caras.

Nos merecemos aprender a ver esos matices y esas caras: tratar las cosas como "blanco contra negro", "Vaqueros vs indios", "Poli bueno, poli malo", eso es propio de bebés, de gente infantiloide o de película serie B.

Nos merecemos no ser tratados como "niños pequeños": "Fumar mata", "La naturaleza es buena", "las balleneras son empresas peligrosas", "La arruga es bella", ... y tantos mensajes publicitarios que nos intentan hacer tragar como papilllita pasada por el turmix.