11/18/2006

PONDUS


Fue en una pequeña localidad inglesa, Woolsthorpe, donde cuenta la tradición a Newton le cayó la manzana en la cabeza. Y donde se preguntó por qué si cae la manzana, la luna no se cae. Allí se cuajó el empujón final que llevó al enunciado de la Ley de la Gravitación Universal.
Una ley física, pero que, siglos antes había sido ya adelantada, de otro modo, por un pensador no menos genial, un tal Agustín de Hipona. Su fórmula de la Gravitación Universal de los Corazones se enuncia, a su vez así: "Amor meus, pondos deum". Sí, "mi amor, mi peso".
Bien es verdad que esta frase podría entenderse de muchos modos: cualquiera que ama de verdad sabe que hacerlo es cargar con el peso de la responsabilidad del otro (¡Cómo pesa el amor de un padre a su hijo!, por ejemplo). También una mujer embarazada, con su tripita bien llena al final de los nueve meses, puede decir, acariciándose el vientre: "mi amor es mi peso" (¡Y tanto que pesa!)
Pero, permitidme tomar la frase agustina de otro modo, poniéndolo en relación con Newton. He aquí una manzana. Y este aparato que he puesto aquí delante, con una extraña manivela responde a un nombre ciertamente maravilloso: es un des-corazonador. Un descorazonador de manzanas, porque descorazonadores de otras cosas no ha habido que inventarla; crecen solos.
Voy a descorazonar la manzana porque quiero mostraros el corazón de la misma. Para mostraros, como diría Parménides en su Poema: "El corazón sin temblor de la redonda verdad".
Aquí dentro está lo esencial, lo que la manzana cuida y protege como oro: la vida, su herencia, su perpetuación, su eternidad: la semilla. El resto, sólo un escudo y una despensa; no es que sobre, pero nos lo comemos en clase. Está bueno, la verdad.
Tras comernos –tentadoramente- la manzana, estamos ya ante lo que yo quería mostrar: ¿cuál es la esencia de esta idea oculta, a veces? No lo digamos muy alto: "los corazones son atraídos por otros corazones afines; la fuerza de atracción, llamada amor como se sabe, es proporcional al tamaño espiritual de los mismos. Y el amor primero, el inicial, el creador, (el que fundó los genes que protege el exterior de esa manzana que nos comimos) es el que atrae con más fuerza"
El amor, pues, algo que sentimos (lo que más sentimos, junto con el dolor), se convierte así en guía perfecta para solucionar un problema que nos abruma: ¿hacia dónde quiero ir con mi vida? El amor se comporta como un niño pequeño y silencioso que nos acompaña: con carita desangelada nos insiste y señala en dirección de lo que ama, aunque nuestros sentidos y nuestras razones no quieran verlo ni pensar en ello. Nos indica el rostro de quien nos conviene, sabiéndolo escuchar. Nos dice cuál es nuestro lugar: el lugar donde descansamos verdaderamente. "Suo loco" , "su lugar", en latín. Loco, sí. Loco como nuestro corazón.
Porque es de locos dejarse llevar hasta esa profesión que todo el mundo te dice está desprestigiada, donde no se gana dinero, donde se sufre. Pero resulta que tu corazón descansa ahí. Podrás estudiar y ejercer otra cosa más útil y productiva; no eres feliz.
¿Entonces, tengo una guía infalible para dirigir mi vida en el camino que deseo? Infalible, amigo, infalible no; porque siempre hay que contar con cierta suerte de imprevistos. Y porque primero hay que aprender a escuchar el corazón, para diferenciar su suave tirón-gravitacional, con otras fuerzas o cantos de sirena.
Pero aprendamos hoy, como actividad sencilla: preguntémonos qué hacemos cuando nada nos ata, en nuestro tiempo libre, cuando nos dejan decorar la habitación a nuestro antojo, cuando hemos terminado nuestros deberes cotidianos, cuando estamos ensimismados en lo que se hace de modo automático.
Veo a esa niña que, al levantarse se peina cantando; que pone la radio y baila sin parar. Que desde chica está organizando fiestas con sus amigos, ensayando. Y veo a la coreógrafa, a la peluquera, a la bailarina, a la productora teatral.
Veo a ese muchacho desaliñado que le quita el sitio a su madre para cocinar los fines de semana. Cómo le encanta dirigir a su compañeros repartiendo tareas; lo bien que pinta cuando se distrae en clase de matemáticas. Y estoy contemplando al futuro cocinero-restaurador.
Basta con observar, con paciencia, el pondus de tu corazón.
Así que, responde a esto: ¿Cuál es el pondus de tu corazón?