11/06/2006

Enseñar el corazón


Hace un par de cursos, en el año 2004/05, se me ocurrió llevar a los alumnos de mis tres grupos de 4º de la ESO (14 a 16 años)un canario por clase. Se los dí, pero me desentendí completamente de los pájaros: eran ellos los que se iban a responsabilizar completamente.

Los resultados reales de la experiencia fueron estos: dos canarios (Nala y Nali, canarias para más señas, porque no cantan y de esa forma no molestaban en clase)sobrevivieron. Pero la tercera canaria, desapareció.Este año dudaba: ¿repito la experiencia? No soy partidario de repetir demasiado y se me ocurría que había que optar por algo menos ñoño: un caimán, una serpiente constrictor, una mofeta.

Pero las cosas han cambiado un poco. Mi mujer se ha quedado embarazada al comenzar el curso. Deseamos mucho tener ese bebé, pues, después de Nachete y Pablo, nos hemos quedado embarazados dos veces pero, en ambas ocasiones, se malogró.La casualidad quiso, además, que, cuando Marta estaba encinta de solo cinco o seis semanas, empezó de nuevo a "manchar", a tener hemorragias uterinas,lo que presagia un embarazo complicado y de riesgo. Con ella de baja, en reposo total, resulta que llega el momento de irme de viaje de estudios de cuatro días a Cazorla con los chicos de 4º.

Era difícil sustituirme, pues el viaje lo había organizado yo. Así que, Marta y los niños se mudaron temporalmente a casa de mis padres. Y allá que me fuí, a Cazorla, pero con mi pensamiento puesto en otro lugar.Después de esos cuatro días agotadores, regresé para comprobar que mis malas sensaciones telefónicas cuando hablaba con mi mujer se cumplían: la situación era muy delicada. La misma noche de la vuelta, muerto de sueño, Marta me despertó asustada: estaba sufriendo una fuerte hemorragia. Dudábamos si ir a urgencias. Pasamos una noche muy mala: yo le había dicho a Marta antes de acostarnos que me emocionaba pensar que ahora había dos corazones palpitando dentro de ella. La negra sensación de que uno de ellos, el corazoncito más pequeño, habría dejado de latir nos rompía el alma.Pero el corazón resistió.

Resiste ahora, cuando escribo esto.Al reanudar las clases, tras el viaje y aquel suceso doloroso, decidí compartir con mis alumnos esta experiencia paterna. Fue muy especial. Muy cercano.Y (aquí quería llegar), pensé que, este curso el mejor "pajarito" iba a ser mi bebé en la tripita de su madre; ese bebé que crece día a día, frágilmente. Y que no sé si, como aquel canario de antaño, verá la luz. Si es así, su nacimiento coincidirá con el fin de curso; así es el parto de cada año para un profesor: nueve meses. Y quedé con, vosotros, mis alumnos en una cosa. Que os iría informando de cómo iba la cosa.

Ayer, llevé a clase la ecografía última. Allí estaba.
Enseñé su corazón.Enseñé mi corazón.