¿Quién manda en mí?

La lectura del capítulo II de "Ética para amador" nos ha servido para entender que los motivos por los que actuamos son varios; los principales: órdenes, costumbres y caprichos.
La obediencia a las órdenes, dice Savater, se debe al miedo a la represalia, a la recompensa que vamos a obtener o al afecto que tenemos al que nos manda.
Las costumbres, sin embargo, tienen que ver con la comodidad o la presión social.
Los caprichos parecen opciones más aleatorias.
No pensemos, por otro lado, que una orden "pesa" más, a la hora de actuar, que una costumbre. Hay costumbres tan arraigadas que ni la más fuerte de las órdenes es capaz de erradicar. (V.g: la ley antitabaco). Sin embargo, los caprichos suelen obligarnos menos.
Ahora bien; ¿quién dirige esas órdenes? ¿quién establece esas costumbres? ¿qué hay detrás de mis caprichos? Es decir: ¿Quién manda en mí?
En clase, jugamos con la metáfora de un mando a distancia: ¡tener el mando es tener el poder! Muchas veces soñamos con poder tener un mando que obligue a hacer al resto lo que queremos. Es la llamada "ambición o seducción de poder" El video que está colgado en la entrada anterior plantéa artísticamente esta cuestión. Ya volveremos a él.
Pero, la cuestión clave es: ¿cómo podría hacer para tener un mando sobre mí?
¡Qué difícil es! En clase hablábamos de que, hasta ahora, mandaban nuestros padres (cada vez menos ya). Que manda la publicidad. Que mandan los líderes de opinión, los legisladores, los jefes, los directores, los creadores de moda... ¿Quién manda en mí?
¿Puedo ser protagonista de mi propia vida? ¿Soy esclavo de ciertas costumbres, de ciertos caprichos, de ciertas manías? ¿Sé cuándo me debo fiar y obedecer y cuándo no?
Intenta responder a estas preguntas en una redacción.

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