Los cuatro temas éticos del viaje a Cazorla
Aunque la tentación más lógica sería ponernos ahora a relatar todos los sucesos y anécdotas que nos han sucedido durante el Viaje de Estudios a Cazorla, me contendré.
Yo aún no he visto las fotos que Fernando y algunos más hicieron. Cuando las tenga, quizás las vaya colgando poco a poco.
Pero sí quiero resumir aquí los cuatro temas éticos que hemos visto durante este viaje, sobre todo para que aquellos que no han podido venir se pongan al día rápidamente, puesto que van al hilo del curso, como ya os advertí.
En primer lugar, el problema de la predestinación y la libertad, planteado a partir del visionado de la película "Minority Report" de Steven Spielberg. Aunque con un argumento enrevesado, el guión nos deja clara (u oscura, según se mire) una cuestión: ¿podemos elegir nuestro destino?
Es un asunto que ya empezamos a ver en la clase titulada "Judias, lentejas y arroz". Y al que volveremos, dando un paso clarificador, dentro de poco.
El segundo tema se resume en la máxima latina del "Carpe Diem", "aprovecha el momento o disfruta del día". Era fácil de observar durante los días primeros de Cazorla, especialmente el día de las canoas y las actividades multiaventura, cómo preguntábais continuamente: "¿Y luego, qué pasará?" "¿Podremos ir a tal sitio después?" "¿Habrá tiempo, más tarde, para esto o lo otro?".
Y respondíamos : "Carpe Diem. Ten paciencia, vive este momento; no te angusties con lo próximo, no generes una ansiedad innecesaria. Hay un tiempo para cada cosa; este es el tiempo para esta actividad". Yo insistí en ello por la noche. Os mostraba una bellota de roble bien grande y os explicaba cómo este árbol tarda treinta años en hacerse grande (como vosotros, prácticamente). Pero hay que plantarlo algún día, regarlo, cuidarlo, guiarlo… y esperar que ningún fuego devorador lo arrase. No sabemos si eso nos va a suceder también a nosotros; así es la muerte (así se veía la huella del incendio sobre el Pantano del Tranco, que quemó parte del Parque el verano anterior). Esa incertidumbre hace que tenga más sentido que nunca esa frase del "Carpe Diem"
Cuando, al tercer día, visitábamos Úbeda y Baeza, la cosa se entendió mejor, gracias al visionado de una película de Peter Weir: "El Club de los Poetas Muertos". Sus protagonistas aprendían del profesor Kitting esa expresión y su verdadero sentido.
Pero la película, nos dejó el poso de otra cuestión titilando en el ambiente, aquella última noche: las fuerzas que nos impulsan a ser lo que debemos ser (como a las judías, como a las lentejas, como al arroz…) a veces son poderosas y tozudas, como el padre del joven protagonista de "El Club…" Es la hora de la rebeldía, del no dejarse llevar por intereses ajenos a nuestro verdadero bien (aunque los que nos aconsejan estén muy, muy bien intencionados). Es la hora en la que estáis. El tercer tema.
Un momento difícil, porque, ¿cómo saber de quién fiarse? A veces mi propio padre puede estar mal enfocado; nuestros profesores podrían equivocarse al recomendarnos estudiar bachillerato o irnos a un Ciclo formativo, o al decirnos que es la hora de buscar trabajo. Nuestros amigos, no siempre nos entienden. Nosotros mismos, tú mismo, vives en una vacilación continua.
La sociedad (en la película, el Colegio decimonónico), tiene miedo de recomendar a sus jóvenes que piensen por sí mismos: ¿Y si se desmandan? ¿Y si se rebelan? ¿Y si no nos obedecen? Es capaz de ejercer una fuerte presión para que eso no pase. Incluso castigar a aquellos "profesores kitting" que lo predican: se deben ir. O, como Sócrates, deben desaparecer. (Esta es otra historia similar, que podéis leer en "Apología de Sócrates" de Platón; o representada, en la obra "Sócrates" de Enrique Llovet… pero, eso sólo para alumnos especiales).
Ante el dilema de la libertad, el de la autoridad. ("La paradoja del Gran Inquisidor", en "Crimen y Castigo" de Dostoievsky,…pero, eso es sólo para alumnos muy especiales).
Finalmente, cómo no, el profesor de ética no pudo no dejar un consejo ético práctico, una norma, un propósito moral: había que subir a las montañas de Cazorla, adentrarse por la ruta del Borosa. Caminar veinticuatro kilómetros. Aquella noche os dije que no daba un duro por vosotros. Que eráis unos flojos.
La meta a alcanzar era maravillosa. Pero no os pedía que llegáseis. Os dije: "Haced lo que podáis. No hagáis más. No hagáis menos. Llegad hasta donde podáis".
¿Recordáis que, en clases pasadas, habíamos escuchado aquello del Castillo de Pantagruel del "Haz lo que quieras"? ¿ Y aquella apostilla agustiniana del "Ama, y haz lo que quieras"?
Hoy la cuestión era diferente; tan solo "haz lo que puedas".
Es curioso. Todos lo cumplieron. Todos menos uno.
No os diré ahora quién.
Bien, dejadme que termine esta parrafada con un estrambote (un añadido ): al volver a clase, tras ese comentario sobre "el corazón que os voy a enseñar este curso" que hice, hemos leído el capítulo tercero de "Ética para Amador", el que se titula precisamente "Haz lo que quieras". Ese capítulo y el capítulo II serán objeto de un control en las fechas que os indique en clase. El control consistirá en responder a quince preguntas tipo test con cuatro posibles respuestas cada una; sólo cuentan las respuestas positivas, de modo que para aprobar el control hace falta contestar bien a siete mínimo.
Preparadlo bien, pues es una nota más para la evaluación del primer trimestre.
Yo aún no he visto las fotos que Fernando y algunos más hicieron. Cuando las tenga, quizás las vaya colgando poco a poco.
Pero sí quiero resumir aquí los cuatro temas éticos que hemos visto durante este viaje, sobre todo para que aquellos que no han podido venir se pongan al día rápidamente, puesto que van al hilo del curso, como ya os advertí.
En primer lugar, el problema de la predestinación y la libertad, planteado a partir del visionado de la película "Minority Report" de Steven Spielberg. Aunque con un argumento enrevesado, el guión nos deja clara (u oscura, según se mire) una cuestión: ¿podemos elegir nuestro destino?
Es un asunto que ya empezamos a ver en la clase titulada "Judias, lentejas y arroz". Y al que volveremos, dando un paso clarificador, dentro de poco.
El segundo tema se resume en la máxima latina del "Carpe Diem", "aprovecha el momento o disfruta del día". Era fácil de observar durante los días primeros de Cazorla, especialmente el día de las canoas y las actividades multiaventura, cómo preguntábais continuamente: "¿Y luego, qué pasará?" "¿Podremos ir a tal sitio después?" "¿Habrá tiempo, más tarde, para esto o lo otro?".
Y respondíamos : "Carpe Diem. Ten paciencia, vive este momento; no te angusties con lo próximo, no generes una ansiedad innecesaria. Hay un tiempo para cada cosa; este es el tiempo para esta actividad". Yo insistí en ello por la noche. Os mostraba una bellota de roble bien grande y os explicaba cómo este árbol tarda treinta años en hacerse grande (como vosotros, prácticamente). Pero hay que plantarlo algún día, regarlo, cuidarlo, guiarlo… y esperar que ningún fuego devorador lo arrase. No sabemos si eso nos va a suceder también a nosotros; así es la muerte (así se veía la huella del incendio sobre el Pantano del Tranco, que quemó parte del Parque el verano anterior). Esa incertidumbre hace que tenga más sentido que nunca esa frase del "Carpe Diem"
Cuando, al tercer día, visitábamos Úbeda y Baeza, la cosa se entendió mejor, gracias al visionado de una película de Peter Weir: "El Club de los Poetas Muertos". Sus protagonistas aprendían del profesor Kitting esa expresión y su verdadero sentido.
Pero la película, nos dejó el poso de otra cuestión titilando en el ambiente, aquella última noche: las fuerzas que nos impulsan a ser lo que debemos ser (como a las judías, como a las lentejas, como al arroz…) a veces son poderosas y tozudas, como el padre del joven protagonista de "El Club…" Es la hora de la rebeldía, del no dejarse llevar por intereses ajenos a nuestro verdadero bien (aunque los que nos aconsejan estén muy, muy bien intencionados). Es la hora en la que estáis. El tercer tema.
Un momento difícil, porque, ¿cómo saber de quién fiarse? A veces mi propio padre puede estar mal enfocado; nuestros profesores podrían equivocarse al recomendarnos estudiar bachillerato o irnos a un Ciclo formativo, o al decirnos que es la hora de buscar trabajo. Nuestros amigos, no siempre nos entienden. Nosotros mismos, tú mismo, vives en una vacilación continua.
La sociedad (en la película, el Colegio decimonónico), tiene miedo de recomendar a sus jóvenes que piensen por sí mismos: ¿Y si se desmandan? ¿Y si se rebelan? ¿Y si no nos obedecen? Es capaz de ejercer una fuerte presión para que eso no pase. Incluso castigar a aquellos "profesores kitting" que lo predican: se deben ir. O, como Sócrates, deben desaparecer. (Esta es otra historia similar, que podéis leer en "Apología de Sócrates" de Platón; o representada, en la obra "Sócrates" de Enrique Llovet… pero, eso sólo para alumnos especiales).
Ante el dilema de la libertad, el de la autoridad. ("La paradoja del Gran Inquisidor", en "Crimen y Castigo" de Dostoievsky,…pero, eso es sólo para alumnos muy especiales).
Finalmente, cómo no, el profesor de ética no pudo no dejar un consejo ético práctico, una norma, un propósito moral: había que subir a las montañas de Cazorla, adentrarse por la ruta del Borosa. Caminar veinticuatro kilómetros. Aquella noche os dije que no daba un duro por vosotros. Que eráis unos flojos.
La meta a alcanzar era maravillosa. Pero no os pedía que llegáseis. Os dije: "Haced lo que podáis. No hagáis más. No hagáis menos. Llegad hasta donde podáis".
¿Recordáis que, en clases pasadas, habíamos escuchado aquello del Castillo de Pantagruel del "Haz lo que quieras"? ¿ Y aquella apostilla agustiniana del "Ama, y haz lo que quieras"?
Hoy la cuestión era diferente; tan solo "haz lo que puedas".
Es curioso. Todos lo cumplieron. Todos menos uno.
No os diré ahora quién.
Bien, dejadme que termine esta parrafada con un estrambote (un añadido ): al volver a clase, tras ese comentario sobre "el corazón que os voy a enseñar este curso" que hice, hemos leído el capítulo tercero de "Ética para Amador", el que se titula precisamente "Haz lo que quieras". Ese capítulo y el capítulo II serán objeto de un control en las fechas que os indique en clase. El control consistirá en responder a quince preguntas tipo test con cuatro posibles respuestas cada una; sólo cuentan las respuestas positivas, de modo que para aprobar el control hace falta contestar bien a siete mínimo.
Preparadlo bien, pues es una nota más para la evaluación del primer trimestre.

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home