10/01/2006

El juego de "Sólo obedezco"

Quizás la palabra "juego" resulte algo engañosa para esta actividad de clase. Y la parte más divertida, esa de tener que ponerse al servicio del "jefe del juego"al grito de "¡Señor, sí, Señor!" puede despistar un poco.
Porque lo cierto es que, debajo de una dinámica aparentemente tonta, se escondía mucha miga. La vida se parece mucho a los juegos. De hecho, de pequeños, jugamos para prepararnos para la vida, reproduciendo situaciones que nos resultarán conocidas cuando seamos adultos. Lo principal es que aprendamos a ganar, pero sobre todo a perder.
Desde luego, el "juego del "sólo obedezco"", también trata de reproducir cuestiones claves de nuestra vida.
Por lo pronto nos fijamos en una cosa: el juego se basa sobre todo en elegir. Pero, elegir no es lo único que hacemos en la vida. No; muchas cosas que nos pasan "nos eligen" a nosotros: no elegimos nacer, no elegimos familia, no elegimos nuestra cultura, no elegimos nuestra educación primera... Del mismo modo, para el juego, te eligen como jugador. Y, obviamente, tienes que aceptar unas normas (que no te inventas tú, del mismo modo que no nos inventamos nuestra existencia a priori).

Pero, una vez que hemos aclarado este "pre-supuesto", pasemos al grano:
El jugador tiene que optar entre tres posibilidades:
a) "Obedezco", que tiene como recompensa aprobar, como mínimo, la evaluación.
b) "Estoy libre", que me libra de seguir adelante, pero ni me da ni me quita nada.
c) "Soy libre...de elegir".

Las dos primeras opciones son simples. Pero debo resaltar el hecho de que la gran mayoría de los alumnos han elegido la segunda: ¿indiferencia o miedo al riesgo? Prefiero no juzgar aún, pero ahí dejo el dato.
Algunos escogieron "obedezco", buscando ese aprobado que se prometía tan fácil...pero, esa decisión implicaba no saber en qué consistía esa orden que había que obedecer...

En la tercera opción estaba el intrígulis: libre de elegir...uno entre cuatro papeles que están ocultos en una bolsa; en ellos pone: "Dame la mano", "Dame un abrazo", "Dame un beso" y "Te doy una colleja". Pero, el que la suerte te haga coger un papelito u otro, tiene CONSECUENCIAS. En un caso (desconocido para el jugador), el premio será obtener "sobresaliente"...Pero en los otros tres, sacas suspenso. ¿Por qué esta desproporción? Es sencillo: la experiencia vital del profesor de ética: en la vida hay más posibilidades de fracasar que de tener éxito.

A los alumnos-jugadores, en general, no les gusta no saber qué consecuencias tiene elegir un papel u otro...pero el profe es inflexible: ¿cuántas veces sabes el resultado de tu decisión antes de hacerla? ¿Acaso no hay indeterminación al escoger una carrera, al emprender un negocio, al casarte,...? Eso nos pasa en la vida, y en este juego también.

Los pocos jugadores que llegan a esta tesitura se ven ante el resultado de su suerte:¿me dan la mano? ¿me dan un abrazo, un beso...? ¿O le doy una colleja al director de mi jugada? Y, además, una vez lo haga, ¿qué me esperará, el sobresaliente o el suspenso...? Ante esa tesitura, sin embargo, aún queda una última vuelta de tuerca: se puede renunciar a todo y escoger otra vez "obedezco" (con lo que se recibe como premio el aprobado).


Lo que pasa en cada clase queda entre nosotros. Pero, anticipo que muy pocos son los que consiguen el premio mayor,...igual que en la vida. Conseguirlo implica correr riesgos y eso no suele gustar demasiado.

Aún así y todo, quiero subrayar una cosa: el juego se llama "Sólo obedezco", ¿por qué? Porque lo más interesante para el profe en esta clase está en reflexionar sobre la obediencia. Obedecer, en todas las sociedades, es importante. Siempre se valora. ¿Cuál es el premio? Pues, aunque resulte extraño...el premio de obedecer es...no ser responsable de lo que haces. Sí. ¿No habéis oído nunca eso de "yo sólo obedecía órdenes, no soy responsable." Y eso, para alguno, es un premio gordo: el que obedece cede su libertad a otro, es cierto. Pero deja de ser responsable; ya no tiene que pensar qué debe hacer (lo cuál resulta cómodo y descansado).

Dejémoslo, por hoy, ahí, la cuestión queda abierta. Y me interesaría leer tu opinión sobre estas afirmaciones:

1. Una encuesta reciente concluye: "Los jóvenes de hoy participan menos en política"

2. Un buen hijo es el que obedece siempre lo que su padre le dice.

1 Comments:

Blogger carlosc said...

Sigue con la bitácora. Soy tutor de 3º de ESO y me ha gustado. Gracias.

11:13 p. m.  

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