Una caricia por sms
Miércoles, 20 Septiembre. Mientras doy la última clase del día a los de 2º de Bachillerato noto que vibra el móvil: es un mensaje. A la salida lo leo: es de JJ: “Stoy murayao! Nacho. Un abrazo.”
JJ lo está pasando mal desde hace tiempo, no exagero si digo que cuatro años o más. Y es mi amigo, y no le puedo defraudar: “¿Quieres que nos veamos?” “No stoy n condiciones! Un abrazo”, me contesta. “Bueno”- vuelvo a responder- “cuando quieras, aquí estoy”. Me devuelve la llamada con un lacónico “Gracias”.
Aunque he hablado largamente con él en este último mes un par de veces, parece que JJ me necesita. Eso me aturde…y me enorgullece. Soy su amigo y se me pone a tiro la más honrosa de las tareas: ayudarle, consolarle, hacerle saber que estoy a su lado. Poner, si hace falta el hombro para que descargue su tristeza. Escuchar sus quejas ante una vida que no le trata bien.
Si JJ sufre, ¿qué puede haber más digno de una amistad que decir: “cuando quieras, aquí estoy”? Dejarse de rollos psicológicos, consejitos bienintencionados, discurso de manual de profe de ética: no. Simplemente: “Aquí estoy”. Yo sé que otra cosa más valiosa no tengo: mi presencia basta. Esa es mi tarea de amigo hoy.
Y este es el día que he pasado; con el corazón exiliado de mí, como a distancia, buscando hacerse presente en el día malo de JJ. Una caricia por sms. Tan poco, a veces, es suficiente.
JJ lo está pasando mal desde hace tiempo, no exagero si digo que cuatro años o más. Y es mi amigo, y no le puedo defraudar: “¿Quieres que nos veamos?” “No stoy n condiciones! Un abrazo”, me contesta. “Bueno”- vuelvo a responder- “cuando quieras, aquí estoy”. Me devuelve la llamada con un lacónico “Gracias”.
Aunque he hablado largamente con él en este último mes un par de veces, parece que JJ me necesita. Eso me aturde…y me enorgullece. Soy su amigo y se me pone a tiro la más honrosa de las tareas: ayudarle, consolarle, hacerle saber que estoy a su lado. Poner, si hace falta el hombro para que descargue su tristeza. Escuchar sus quejas ante una vida que no le trata bien.
Si JJ sufre, ¿qué puede haber más digno de una amistad que decir: “cuando quieras, aquí estoy”? Dejarse de rollos psicológicos, consejitos bienintencionados, discurso de manual de profe de ética: no. Simplemente: “Aquí estoy”. Yo sé que otra cosa más valiosa no tengo: mi presencia basta. Esa es mi tarea de amigo hoy.
Y este es el día que he pasado; con el corazón exiliado de mí, como a distancia, buscando hacerse presente en el día malo de JJ. Una caricia por sms. Tan poco, a veces, es suficiente.

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